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Enredados de la grieta al lazo. Arte y Salud Mental

Autor@s

MICHELOZZI, Gimena/ Clínica Villafañe.

PEPPE, Francina/ Clínica Villafañe.

LONZO, Florencia/ Clínica Villafañe.


Eje de trabajo: 1) Experiencias y estrategias de promoción y prevención comunitaria de Salud Mental y Adicciones.

Palabras claves: interdisciplina-arte en talleres-intervención comunitaria


Se realiza la propuesta de reflexionar de grupalmente sobre los efectos generados en la institución a partir de la implementación de la ley de salud mental 26657.

La complejidad en las problemáticas en Salud mental exigió la búsqueda por lo interdisciplinario como posicionamiento. Tomar posición por la interdisciplina supone desarmar la noción de causalidad lineal que atenta contra la posibilidad de la fragmentación de los fenómenos a abordar.

Una lectura acerca de la nueva ley evidenció cierto vacío sobre la modalidad de abordaje en los talleres y fundamentalmente sobre la función del arte en las instituciones en salud mental. La oscilación entre lo escrito y lo no escrito, permitió repensar una práctica posible a partir de esos intersticios.

El arte en los espacios de talleres se sostuvo como una práctica resistencial, que tuvo lugar en esos “entre”; posibilitando ser socialmente escuchados en cada producción colectiva. Práctica que operó una transformación directa no solo en los vínculos en el interior del grupo sino también hacia la comunidad.

Situando, por otro lado, al arte en su posibilidad de nombrar por fuera de los manuales de psiquiatría, ofreció la chance a que cada sujeto pueda inventarse en cada taller, también haciendo lazo.

Introducción

El presente trabajo surgió como un intento de pensar la práctica en la institución, sus dificultades y sus efectos, teniendo como perspectiva la particularidad de los usuarios que participaron y la modalidad desde la que se trabajó. Esta práctica se llevó adelante en una institución psiquiátrica de puertas cerradas, del ámbito privado de la ciudad de Junín (BA). La institución  tiene una capacidad de albergue de 70 usuarios aproximadamente, contando con un alto porcentaje de situaciones que requieren internación por episodios agudos y una minoría de población con internaciones que tienden a cronificarse.

La asistencia que recibieron los usuarios es psiquiátrica y psicofarmacológica, psicológica individual y grupal, social y artística. Pensar que el paso de los usuarios por los espacios de taller formó parte del tratamiento fue una de las premisas que este escrito despliega y discute. La práctica de la que se intenta dar cuenta fue la realizada en los espacios de talleres que en la institución comenzaron a funcionar a partir del año 2012. Estos talleres se articularon unos con otros, cada uno respetando su especificidad pero en dialogo permanente que permitió la invención conceptual común.

Los talleres que funcionan actualmente son: teatro, terapia ocupacional, musicoterapia, educación física, huerta y salidas recreativas y participación en eventos extra institucionales. Los talleristas que coordinaron los mismos provienen de diversos ámbitos académicos y culturales pero participan de un mismo equipo de trabajo. El recorte de los conceptos, desde donde leer la práctica, y la invención de producciones colectivas se llevó adelante por el dialogo y la posibilidad de poner en tensión las diversas maneras de pensar la locura, el arte y los efectos que produce el paso por un taller.

Una construcción interdisciplinaria: Entre la complejidad y lo cotidiano

Se realizó la propuesta de reflexionar grupalmente sobre los efectos generados en la institución a partir de la implementación de la nueva Ley Nacional de Salud Mental 26657. Ley que constituye un nuevo acontecimiento en el campo jurídico, político e institucional con alta incidencia en el campo de la salud mental.

Quedando especificada la manera en que  las transformaciones a la luz del cambio jurídico intervienen en la institución, psiquiátrica-privada en nuestro caso; en la construcción del equipo de trabajo de talleres y así, en la práctica con los usuarios desde la modalidad de taller como dispositivo.

La letra escrita toca la práctica propiciando en nuestro equipo interrogantes y desafíos.

La Salud Mental no es una disciplina sino un campo de abordaje  amplio, de bordes difusos, incluye diferentes disciplinas, engloba demandas de diferente sesgo y abarca intervenciones de las más variadas. Por lo que la formación interdisciplinaria que permita un tipo de pensamiento dialógico nos convocó de manera urgente en función de los cambios a los que aspira la Ley; como también la apuesta a un trabajo intersectorial.

La complejidad en las problemáticas en salud mental exigió la búsqueda de lo interdisciplinario.

Tomar posicionamiento por lo interdisciplinar significó reconocer una contraseña que agrupa a quienes adherimos, de diversas maneras, a una epistemología que no homologa el objeto del conocimiento al objeto real, que ha reconocido la historicidad y por lo tanto la relatividad de la construcción de los saberes disciplinarios, que no supone relaciones lineales de causalidad y que antepuso la comprensión de la complejidad a la búsqueda de las partículas aisladas.

Situar en lo interdisciplinar la clave de la posibilidad de alternativas de la lógica manicomial nos obligó a revisar sus límites, sus posibilidades y sus implicancias y a partir de allí  se estructuró un campo compartido con un poder que es interpelado y que nos interpela en lo cotidiano.

Nuestro accionar interdisciplinario fue beneficiado en su construcción, al considerar la acción cooperativa en reemplazo de los procesos de rivalidad y competencia entre los actores. Como afirma Nora Elichiry “…Una cooperación ocasional no es interdisciplina”, ha sido fundamental una actitud de “cooperación recurrente”.[1]

El trabajo interdisciplinario, es decir, el trabajo grupal implicó una reflexión ética que puso de relieve tal complejidad indagando disonancias y consonancias entre saberes y prácticas.

“El punto de encuentro de lo divergente que cada practica conlleva no puede ser otro más que ético. No consentir en la pasivización del otro, ni en la propia, es una decisión ética.” [2]

A partir de tales atravesamientos surgió la necesidad de crear espacios coherentes con lo que la nueva legislación propicia. Se pusieron a funcionar algunos de estos conceptos en la construcción de los espacios de talleres abriendo interrogantes para leer y actuar en la práctica cotidiana.

Los talleres grupales y artísticos y las propuestas de intervención en la comunidad a partir de las producciones artísticas colectivas, se incluyeron en la dinámica de la modalidad de Internación en una institución psiquiátrica privada.

La internación, a partir de las transformaciones propiciadas a la luz del cambio de paradigma, se instaló como un recurso más de un tratamiento terapéutico posible. El efecto más notable de la apertura de las instituciones totales no es que las personas salgan luego de hacer un tratamiento en el tránsito, sino también que muchos entren, interesándose en efectuar adentro un trabajo que constituya una salida como propia. Modo de intervención posible a la altura del padecimiento subjetivo y de la época,  en un tiempo  necesario para producir un ordenamiento y una marca propia. Emergencia de lo singular habilitada en un trabajo en equipo apuntando a objetivos comunes desde un posicionamiento interdisciplinar; habilitada en cada producción artística  creada y recreada en los diversos espacios de talleres y habilitada en la conexión con los espacios comunitarios.

“..Dar lugar para alguna apropiación subjetiva de ese tiempo de internación para alguien: Que eso que pasó, efectivamente le haya sucedido. En la provocación de ese suceso entra una responsabilidad que podemos hacer propia”.[3]

De los espacios comunes

Los talleres que funcionaron en la institución fueron coordinados por Terapista Ocupacional, Musicoterapeuta, Músico, Artista dramático y teatral, Profesor de Educación Física, Psicóloga y Facilitador en espacio de huerta. Los recorridos académicos y de formación de los talleristas son diversos, así como la puesta en juego de los saberes que los atraviesan.

El trabajo de coordinación del equipo de talleres estuvo a cargo de una psicóloga de la institución quien además coordina las terapias grupales y asambleas (siempre co-coordinadas con otro profesional) manteniendo comunicación y retrabajo constante con el equipo interdisciplinario institucional.

Se apostó al trabajo compartido articulado por el interés común de los talleristas en relación a la locura, el sufrimiento  y el arte como alternativa. Desde la coordinación se abrió un espacio de reflexión sobre la función del taller, sobre los efectos que produce y sobre la posibilidad de inventar lazo social donde había aislamiento.

Hacer intervenir el pensamiento interdisciplinar en el interior del equipo de talleres obró como red habilitadora de posiciones cambiantes, reparando (pero también reforzando) aspecto de la rigidez vincular intrainstitucional. Se intentó trastocar en un plano micro pero no por eso menos potente, el orden dado, el orden así instituido. Las fuerzas instituyentes habitualmente reducidas al silencio por los instituidos dominantes encontraron una forma de expresión a través de los movimientos más impredecibles. ”Lo micropolítico como movimiento insumiso que late en lo cotidiano. Territorios de resistencias que se escurren…Pre ocupación por los cruces que hoy son posibles”.[4]

Una perspectiva de funcionamiento a partir de lo transversal permitió ampliar los grados de libertad en los actores institucionales, resituándolos en su potencialidad instituyente.

Desde los diferentes talleres, se apostó al intento de estar para el otro no desde el sitio del saber-poder sino  desde un vacío, sumergiendo el saber y accediendo a la potencia que otorgaran los actos posibles.

En este horizonte de quehaceres que ensamblan la Salud y arte, se habló de crear, de producciones subjetivantes donde operan transformaciones (con materiales, lugares, cuerpos, etc.). Se posibilitaron, desde los espacios, movimientos allí donde algo parecía no poder moverse; se habilitaron nuevas formas de decir, de estar con otros y de estar con el propio cuerpo. Y ahí en muchos casos  se alivió el dolor. Pasaje de la opresión a la expresión, de lo horroroso a lo mágico y maravilloso, a través del teatro, de la expresión corporal, del baile; de la música, del canto, de la pintura, etc. es decir del hacer haciendo, del hacer-se creativamente y de hacer-se con otros.

La función del tallerista generó un ámbito posibilitador de conexiones sensibles que implicando un trabajo sobre la propia plasticidad estética y afectiva coincidió con un ejercicio de desapego de los saberes, siempre funcionales al disciplinamiento, la homogeneización y la permanencia.

Hemos abrazado desde el equipo una ética que cada vez nos pregunte por la libertad y el poder.

La función de los diversos espacios consistió en la invención y creación. De cuerpos, espacios, de sensaciones, tiempos; donde es posible la producción de otra territorialidad.

En este sentido pudimos afirmar que el acto de crear es la elección de una libertad, crear afirma la existencia de un sujeto, crear colectivamente constituye una herramienta transformadora, liberadora y subjetivante, y esta fue nuestra apuesta.

La apertura de las producciones artísticas colectivas a la dimensión social y comunitaria ha sido una experiencia de gran efecto transformador en lo subjetivo, en lo institucional, en lo social-comunitario e impensablemente en otras dimensiones. Muestra y ejemplo de intervención social ha sido la organización y realización colectiva del Festival de Arte por la salud mental conmemorando el Día Mundial de la Salud Mental, interviniendo el espacio público desde el arte (música, pintura, teatro, fotografía, poesía, talleres, huerta, etc.) con convocatoria abierta a la comunidad y compartiendo interinstitucionalmente las propuestas. Artistas, profesionales, personal, amigos/as, vecinos/as, usuarios/as transitando internaciones en diferentes instituciones, usuarios/as externados/as, familiares, trabajadores en salud mental, Ongs, todos/as bajo la consigna  “La salud mental no es cosas de locos, es cuestión de todos. No hay Salud sin salud mental y la Salud Mental es un derecho”.

Como también, posibilitado por la intervención recién mencionada, la convocatoria en la participación del Festival Estival de Músicos Independientes (FEMI) acercando una producción artística colectiva, construida desde el dispositivo de talleres en internación para ser compartida y ofrecida en tal evento, en una plaza pública de nuestra ciudad, con un público muy variado, entre muchas otras propuestas artísticas de diversas instituciones (educativas, ambientales, artísticas, etc.).

Al abrirse el proceso creador a la dimensión social-comunitaria, la obra/producción artística entra en circulación visibilizando “lo común” que también nos encuentra y que hasta nos encierra; haciendo parte creativamente a todos/as.  “Todos/as tienen un lugar en esa obra que circula. Quien la hace, quien la observa /escucha /recibe, quien la comenta, retransmite,  copia, versiona,  aun quien la rechaza. Ya es trama, ya es red, ya está adentro, ni encerrado ni en el borde ni acallado” al decir de una de las talleristas. Constituyendo un efecto transformador y de afectación sobre los autores/protagonistas; sobre el imaginario colectivo sobre la locura como también favoreciendo la salida en la lucha para producir posibilidades acerca de lo que acontece en Salud Mental. Se procede a la configuración de una red donde apostar para seguir visibilizando expresiones acalladas en lo cotidiano, ahora, ya, en lo social.

Un adentro y un afuera en movimiento, dinámico, permeable,  relativo a las acciones posibles y no a las paredes pasibles. Al decir de otra de las talleristas  “…Hemos sido el exterior que entra con ellos y el interior  que sale y libera. Salir del silencio, salir a pasear también desde la imaginación, salir de la rutina, de la oscuridad, de la tristeza, del mate lavado, de la mesa redonda, de la silla, del cigarro. Salir del aburrimiento, del pensamiento repetitivo” entrando a escena, abriendo puertas, interviniendo espacios, construyendo territorios.

“El territorio  es transformado y a la vez transforma, pero a partir de que está atravesado de múltiples significaciones, esencialmente construye singularidad. Así el territorio deja de ser una zona, espacio o área definida desde lo geográfico, para convertirse en parte de un dispositivo de intervención social que implica nuevas alternativas a la resolución del malestar y el padecimiento q se generan a partir de la fractura del lazo social, la exclusión, la pérdida de identidad y pertenencia colectiva” [5]

La construcción de redes de sociabilización y la creación de contextos cotidianos que sean parte de la “vida real” en combinación con la perspectiva de los usuarios en los procesos terapéuticos, son y deben ser  parte  de los ejes organizadores de las intervenciones en Salud Mental.

La intervención en estos espacios  también puede entenderse como la posibilidad de desarmar, construir para armar de nuevo a través de la recuperación de los espacios, para que este sea nuevamente transformado, ahora por nuevas lógicas que recuperen la condición histórica y social de los sujetos de intervención.

En este contexto, las producciones artísticas se transforman en instrumentos de recuperación de lazo social perdido, de  posibilidades de pensar e imaginar otros mundos con otros, ofreciendo otros lugares para la palabra, la mirada y la escucha, elaborando nuevas instancias intersubjetividad y construyendo la posibilidad de acontecimiento en Salud mental.

Se trata de una apuesta sosteniendo a lo artístico como una práctica resistencial, que tiene lugar en esos “entre”, donde  se entreteje  un discurso contrahegemónico frente al desmantelamiento de las singularidades, posibilitando ser socialmente escuchados en cada producción colectiva. Es decir, existe una modalidad resistencial en todas las formas de solidaridad y cooperación que se desplegaron en contra de las tendencias hegemónicas, rescatando la alegría en los vínculos.

De “lo común” por inventar

Para concluir, y a modo de síntesis, la apuesta en los talleres se trató de esto: un otro que sostuvo con su cuerpo y su palabra cierto vacío que permitió la emergencia de algo singular. El efecto del arte en la clínica de la locura tuvo como horizonte que aliviándose en su sufrimiento un sujeto pueda nombrarse e inventarse un modo de estar en el mundo.

Los usuarios utilizaron el espacio de taller del modo que más le sirvió, en el momento en que lo decidió; sorprendió que en muchos casos alguien puede presentarse con gran sufrimiento, gran fragmentación del cuerpo y el discurso, pero al ingresar al taller se pudo inventar otro modo de estar en la vida. Ese forzamiento en el que trabaja el sujeto le permitió una modalidad singular de lazo al otro, un artificio a “su medida” que lo incluyó en lo social.

Los talleres reduplicaron la apuesta cuando la producción artística colectiva tuvo una vuelta sobre el otro social: lo que se creó, tomó otro estatuto durante “las muestras” “peñas” e “intervenciones artísticas colectivas” orientadas a la comunidad. Luego del trabajo grupal entre usuarios y talleristas, el producto que emergió de la red de relaciones, como producto estético, artístico y colectivo fue presentado a la comunidad. La producción artística generó efectos en lo social: en quienes la producen, en la institución de donde surgió, en el público y en la misma obra. “Las obras de arte tienen eso en común, la resistencia a la muerte, a la servidumbre, a lo intolerable, a la vergüenza, al presente”.[6]

Estos dispositivos, en una institución privada psiquiátrica, estuvieron ligados a un intento político en tanto acto instituyente, de recrear un pensamiento que expanda la alegría de la resistencia, también en lo social deviniendo acontecimiento en Salud mental.

“Un común por inventar cuyos trazos a veces nos llegan, a veces se nos van”[7]

Referencias bibliográficas

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[1] Elichiry, Nora; “Importancia de la articulación interdisciplinaria para el desarrollo de metodologias transdisciplinarias” del libro El niño y la escuela. Reflexiones sobre lo obvio.Ed Nueva Vision, Bs. As. 1987.

[2] Negro, Liliana; Fichas  de actividades realizadas en la Unidad de Internación de Mujeres del Hospital Alvear. 1996, noviembre.

[3] Negro, Liliana; Fichas  de actividades realizadas en la Unidad de Internación de Mujeres del Hospital Alvear. 1996, abril.

[4] Colectivo de trabajo Transversales. Política, deseo, subjetividad. “ Encontrariarnos. Indicios de Ed Pavlovsky y Julio Cortazar para pensar lo micropolitico.” Rocio Feltrez.Año II. Numero 2.  Buenos Aires 2013.

[5] Escalada, Rodolfo: “Ley de Salud Mental  de la letra a su implementación. La universidad interpelada” Cap. 8 Intervención territorial y salud mental. Trabajo social. redes sociales y medios de comunicación para el cambio social. Alfredo Carballeda. Pág. 134-135. Laborde editorial. Marzo 2016

[6] Archipielago. Cuadernos de crítica de la cultura. http://archipielago.webcindario.com/17/carpeta.html. Gilles Deleuze. Pensar, crear, resistir.

[7] Colectivo de trabajo Transversales. Política, deseo, subjetividad.  Un común por inventar. Año II. Número 2.  Buenos Aires 2013.

 

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