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El tiempo de la previa.

Autor@s

CUESTA, Natalia / Iom2 Delegación Tandil.

MASSA, Joaquina /  Escuela Municipal de Teatro – Iom2 Delegación Tandil.

ROMANO, Federico/ Iom2 Delegación Tandil – Centro de Salud Mental.


Eje de trabajo: 1) Experiencias y estrategias de promoción y prevención comunitaria de Salud Mental y Adicciones.

Palabras clave: Adolescencia  – Hipermodernidad  – Consumo – Psicoanálisis- Prevención- Arte.


El presente trabajo se basa en el análisis de una escena de una obra teatral titulada “#Selfie”. Esta es llevada a cabo por un grupo de adolescentes en el marco del Proyecto Adolescentes  de la Escuela Municipal de Teatro de la ciudad de Tandil.

La escena en cuestión muestra lo que sucede en una “previa”, desde los avatares de su organización hasta el sinnúmero de excesos que allí ocurren en el marco de un clima festivo donde el principal objetivo es gozar.

A partir de esta escena interrogamos el sentido de “previa”. Este término puede indicar un espacio social de reunión entre los jóvenes que cada vez cobra más relieve y que se vincula al consumo de sustancias psicotóxicas, así como también puede designar un modo pulsional de acceder a los objetos de goce en el que se juega una particular estructura temporal y en el que resuenan los imperativos de la época.

Localizamos lo adictivo en relación con este modo pulsional y pensamos a partir de allí una estrategia de prevención de las adicciones situada epocalmente. El proyecto teatral del que partimos nos muestra una vía para ello.

El tiempo de la previa

Un pequeño grupo de jóvenes de alrededor de 16 años se encuentra y planea la salida de esa noche.

  • Ehh, boludo, ¿cómo andan? ¿Qué hacemos esta noche?
  • Vamo´ al cheboli.
  • No, yo no tengo documento.
  • No nos dejan pasar ni en pedo.

La opción es juntarse en una casa. Luego de un llamado telefónico uno de ellos transmite con euforia:

  • ¡Chicos esta noche casa sola!!
  • Che boludo, ¿y con el chupi cómo hacemos?
  • Que cada uno se lleve lo que va a tomar.
  • Yo llevo dos birras.
  • Che… y ¿da para prenderse uno?
  • ¡Si, más vale!

Se suma una chica a quien le dicen:

  • Esta noche hacemos una joda en casa. Llevá a tus amigas.
  • Bueno, ¿a quién le aviso?
  • Que vaya la rubia tetona del otro día!
  • Sí!! y la colorada que tiene una cola así…
  • Bueno, pero ustedes activen, porque la otra vez lleve a esas dos y no hicieron nada.
  • ¿Sos pelotuda? ¿Qué querés que haga yo? Si estaba re loco. ¡Esta noche se re pone, boludo!

La fiesta transcurre en el living de una casa donde tal como estaba anticipado los padres están ausentes.

En pequeños grupos van llegando los invitados, cada uno lleva en su mano al menos una bebida alcohólica.  Durante esta reunión ocurren muchas cosas simultáneamente, en cada rincón se sucede una micro escena mientras la música acompaña en distintos decibeles. En un rincón se toma cervezas, en otro unas chicas prueban tequila, por atrás fuman porros, otros juegan al fondo blanco, unos bailan, otros coquetean, alguna se enamora o se ilusiona, unas se pelean a trompadas.

Los jóvenes van quedando a los márgenes; inestables, sosteniéndose de un mueble, tirados en el piso. Se oyen gritos, acusaciones y llantos. Las cabezas gachas, las miradas esquivas o perdidas.

Esta escena que hemos relatado es lo que comúnmente se denomina “previa”. Así la suelen llamar sus protagonistas y bajo este nombre circula en el discurso mediático y social. Pero ¿qué se juega en ella? ¿a qué razones debe su existencia? ¿por qué asume un lugar central entre las prácticas de los jóvenes?

Todos consumidores

La previa aparece como un espacio asociado al consumo excesivo de alcohol y drogas por parte de los adolescentes. Esta problemática adquiere visibilidad social puesto que puede llevar a consecuencias trágicas en tanto se pierda el control de sí mismo o se incurra en prácticas de riesgo.

Sin subestimar esas consecuencias trataremos de situar el lugar que este consumo viene a ocupar para los adolescentes. Esto significa abordar la problemática desde una perspectiva que se funda en la subjetividad más que en la sustancia, en la causa más que en la consecuencia y que incluso trasciende el límite de la subjetividad individual para considerar una subjetividad que bien podría llamarse social o colectiva.  Este consumo se articula entonces con un momento determinado de la vida pero a su vez responde a una lógica colectiva social y cultural.

Freud (1930) ubica en “El Malestar en la cultura” lo irreductible del malestar. Estar en la cultura es estar en el malestar puesto que la cultura se edifica en torno a la renuncia pulsional. Se trata de la renuncia a una satisfacción absoluta, la renuncia a una descarga a cero de la tensión psíquica. Es lo que plantea el autor como lo imposible de la felicidad en tanto estado o lo irrealizable del programa del principio de placer. (Freud, 1930)

Este último comanda nuestra vida psíquica pero no puede alcanzar en forma irrestricta el placer o evitar absolutamente el displacer. Sin embargo no resigna los empeños para acercarse a ese cumplimiento. Entre esos empeños Freud (1930) ubica por ejemplo el uso de sustancias embriagadoras…también el amor, la sublimación, la religión, la neurosis, el dominio de la naturaleza a través de la técnica, etc. Todos ellos siempre parciales y moderados en cuanto al objetivo de alcanzar la felicidad.

Al decir de Alemán (2016), este texto parece un libro de contra-autoayuda. Y efectivamente lo parece porque nuestra época, denominada hipermodernidad por unos, posmodernidad por otros, sostiene fervientemente la ilusión de conseguir la plena armonía, de garantizar la satisfacción, de alcanzar la felicidad. El desarrollo de la ideología científico tecnológica apunta en tal sentido,  y en el contexto del despliegue del capitalismo en su forma neoliberal, lo hace colocando los objetos de consumo en el cenit de la realización humana.

Lipovetsy (2007) nombra esto como hiperconsumo. Se trata de un empuje a consumir, como un imperativo que tensiona sobre todos sosteniendo la ilusión de que la felicidad es posible consumiendo. Y en este sentido, no sólo las sustancias clásicamente embriagadoras sirven a tal realización sino que cualquier otra cosa, celulares, sexo, juego, etc pueden ser útiles a la hora de buscar la felicidad e intentar erradicar el malestar.

Aquel empeño que Freud (1930) ubicara entre otros, parece generalizarse y tomar un lugar central en nuestra época.

Es que al fin todo sufrimiento es sólo sensación, no subsiste sino mientras lo sentimos, y sólo lo sentimos a consecuencia de ciertos dispositivos de nuestro organismo (…) con ayuda de los “quitapenas” es posible sustraerse en cualquier momento de la presión de la realidad y refugiarse en un mundo propio, que ofrece mejores condiciones de sensación (Freud, 1930, p. 78)

Se trata de una ganancia inmediata de placer  a espaldas de las penas del vivir. Es una maniobra que intenta resolver el malestar en un corto – circuito pulsional, que evita el trabajo psíquico. La “resolución del malestar” se da a solas con el  objeto, pretendiendo no pasar por el campo del Otro. Resulta entonces una maniobra renegatoria de la pérdida, de la falta,  maniobra que expone al sujeto a un goce sin límites y al extrañamiento respecto al deseo.

Se trata en términos de Miller (2005) del predominio del plus de gozar sobre el ideal. El imperativo superyoico de goce que impulsa el mercado capitalista indica: ¡Todos consumidores!

Adolescencia, previa y tiempo

Los protagonistas de la escena referida anteriormente pueden ser ubicados en relación con la adolescencia no sólo porque sus edades responden a una clasificación sociológica o médica de la misma sino porque creemos que lo que muestran en “la previa“ obedece a  aspectos que están en juego en la adolescencia considerada desde un punto de vista psicoanalítico.

¿Y que se juega en la adolescencia? Se juega una respuesta  del sujeto a la irrupción de la pubertad. Lo que irrumpe allí tiene que ver con la sexualidad en tanto se suceden transformaciones biológicas y subjetivas que hacen tambalear los semblantes de los que se disponían y obligan a una reorganización ante el embate de lo real del sexo.

Cómo tomar una nueva posición en relación al sexo, una nueva identificación, cómo arreglárselas en el encuentro sexual son algunos de los interrogantes que jalonan este momento de la constitución subjetiva. Nos aclara Lacan (1974) que de este asunto nadie zafa bien. Es que no hay nada programado respecto al acceso al otro sexo. Así cada cultura y cada sujeto tendrán que ver que solución elaboran.

Estas transformaciones puberales son parte de una estructura temporal organizada según lo planteara Freud (1905) por dos tiempos y un período. El primer tiempo es el de la sexualidad infantil, el segundo el de la pubertad y entre ambos el período de latencia. No se trata de una temporalidad lineal. Hay un efecto de retroacción según el cual el tiempo de la pubertad resignifica al de la infancia en la vía de un reordenamiento psíquico y del establecimiento de nuevas condiciones de goce. Conviene destacar también que la latencia tiene una cualidad distinta a la de los otros tiempos, es esa pausa, ese detenimiento que permite la articulación entre el segundo tiempo y el primero. Freud (1905) lo expresa  así: “(…) los hechos relativos al doble tiempo de la elección de objeto en lo esencial se reducen al efecto del período de latencia” (p.182).

El reordenamiento que se pone en marcha a partir de la pubertad, implica un movimiento pulsional que va del autoerotismo al hallazgo de objeto sexual y que subsume las pulsiones parciales de la infancia al logro de una nueva meta unificadora regida por lo genital (Freud, 1905). Así mismo en relación con esos objetos privilegiados de la infancia que son los padres se trata de distanciarse de los mismos y desasirse de su autoridad. Hallazgo de objeto y desasimiento de la autoridad de los padres serían las claves del planteamiento freudiano respecto a la pubertad que permiten el pasaje de lo familiar a lo social, la concreción de la salida exogámica.

Señala Freud (1905) en este proceso la importancia de la fantasía:

Pero la elección de objeto se consuma primero en la esfera de la representación; y es difícil que la vida sexual del joven que madura pueda desplegarse en otro espacio de juego que el de las fantasías, o sea, representaciones no destinadas a ejecutarse. (p. 206)

En una dirección similar Lacan (1974) señala que los adolescentes necesitan de los sueños para ir al encuentro con el otro sexo.

Fantasía, juego, sueños: un espacio que antecede y prepara el acto.

De retorno a la escena. ¿Qué se puede articular de lo dicho hasta aquí?  Es indiscutible que el tema sexual está presente. Parece agitarse la promesa del encuentro, se destaca cierta mirada masculina del objeto sexual, una voz femenina conmina a “activar”,  pero ya sea en la referencia a un encuentro anterior o en el desarrollo de este, nada de eso sucede.

A su vez otra dimensión de la vida pulsional no centrada en la perspectiva del “hallazgo de objeto freudiano” sino más bien en la de la satisfacción autoerótica parece superponerse a la anterior e incluso dominar la escena. La “birra por cabeza”, “prenderse uno”, “ponerse loco” se ofrecen como caminos más directos para una peculiar satisfacción, aquella que señalábamos en el apartado anterior como imperativo de goce y que termina en ese estado de devastación que puede percibirse en el final.

En una mirada panorámica de la escena se puede observar en un momento cierta lógica que podemos llamar “de los rincones”, satisfacciones parciales, cada uno con su objeto, desconectadas entre sí. Satisfacciones parciales que mostrarían la ineficacia de esa reunificación bajo la ley fálica que señalara Freud (1905) como punto de llegada del desarrollo sexual.

Satisfacción autoerótica, satisfacción parcial, la satisfacción de la previa se desengancha de una escena subsiguiente, la del encuentro con cierta alteridad, la de una salida al espacio público. En términos freudianos podría decirse que en la previa “el placer previo demuestra ser demasiado grande” (Freud, 1905, p. 193). Se trataría de una demora en los actos preparativos que finalmente reemplazan el acto para el cual se preparaba.

Se trastoca el sentido de previa, ya no se trata de algo que antecede, todo parece poder realizarse allí, sin después. El tiempo de la previa se transforma en un eterno presente. La función de la preparación queda desdibujada y por lo tanto también el acto que sería su consecuencia. Considerando el desarrollo de Lacan (1945) sobre los tiempos lógicos se diría que al suspenderse el tiempo para comprender no hay posibilidad de concluir en un acto, aquel que incluye una decisión subjetiva, el sujeto entonces se diluye en un instante que empuja a una acción sin pausa, con prisa pero sin pausa.

Si lo que planteamos hasta aquí de la previa nos muestra ciertas condiciones libidinales de la época cabría preguntarse: ¿Seguirán siendo las fantasías de los púberes representaciones destinadas a no ejecutarse? El despertar de los sueños ¿nos permitirá distinguir la vigilia de la vida onírica? ¿Hasta dónde la latencia, esa otra pausa, podrá seguir articulando los avatares del Edipo con el momento de la pubertad? ¿El padre y su autoridad seguirá siendo algo de lo cual desasirse conflictivamente?

En relación con este último interrogante, la escena nos muestra una condición, no sucede en el espacio público, exterior, social, sino que sucede en el territorio de los padres…ausentes. Aprovechando esa circunstancia con el sentimiento de euforia que se desprende de la exclamación “¡casa sola!”  ¿Cómo calibrar esa ausencia de los padres? ¿Qué quiere decir “casa sola”?

Amadeo de Freda (2015) nos plantea que el adolescente tal como lo podemos pensar a partir de Freud, “(…) sabe lo que quiere: quiere sacarse al padre de encima aunque en ese camino lo que realmente encuentre sean la figuras sustitutivas del padre” (p. 16). Es decir, se trata de una rebeldía alrededor de cierto orden constituido, por lo tanto una rebeldía orientada. En cambio en la época actual y en tanto la significación edípica, el ordenamiento que supone el padre ya no tiene la misma incidencia observamos lo que la autora llama una “(…) rebeldía dentro de la desorientación (…) que pone de relieve la idea de existir sin el Otro, sin el cuerpo del Otro para tener como partenaire a los productos del progreso de la ciencia, es decir un partenaire sin cuerpo.” (Amadeo de Freda, 2015, pp. 15-16)

Para no arribar a una desesperada nostalgia del padre, diremos que la ausencia de un ordenador global no implica la ausencia de orden o de orientación. La última enseñanza Lacan (1974) nos muestra  que esa orientación puede tomar numerosas formas, numerosas versiones según las cuales se tratará de “hacerse un padre”, de obtener, de crear una forma de ordenamiento que no deje al sujeto gozando al servicio de la pulsión de muerte.

La previa como ficción

La previa descrita al inicio de nuestro trabajo bien podría ser una escena cotidiana y habitual que se repite cada fin de semana en infinidad de quinchos y “casas solas”. Sin embargo se trata del texto de una escena de una obra de teatro llamada #Selfie. Esta obra es una creación colectiva del año 2016 cuyos actores y autores son adolescentes que concurren a la Escuela Municipal de Teatro de la ciudad de Tandil.

El trabajo propuesto por la Escuela Municipal de Teatro se denomina “Proyecto Adolescentes” y como dicen los mismos alumnos no es  tan sólo un taller de teatro. A la luz del desarrollo anterior consideramos que opera al modo de un dispositivo de tratamiento del malestar de la época para los adolescentes que incluye un abordaje posible de las adicciones, articulable con lo que en el campo de la salud social y comunitaria se denomina prevención inespecífica[1].

Tanto “#Selfie”, obra que incluye la escena de la previa, como las obras anteriores del “Proyecto Adolescentes” son obras que surgen de un proceso de creación colectiva. Esto significa que las obras se inventan entre todos. Alumnos y docentes parten de temas que ellos quieren abordar y van creando el modo de tratarlos, incluidos los textos, la música, las escenificaciones, etc. No hay guiones predeterminados. Es decir que los adolescentes no son sólo actores sino que también son autores de las obras.

Otra noción central de este Proyecto es la  idea del teatro como juego dramático. Entonces podríamos decir parafraseando a Freud (1908) que en tanto poetas se comportan  como el niño que juega, crean un mundo de fantasía dotado de grandes montos de afecto y separado tajantemente de la realidad efectiva.

En el espacio compartido con pares y orientados por adultos referentes los adolescentes pueden hacer pruebas y ensayos de respuestas posibles frente a la pubertad, cada adolescente pondrá a jugar a su modo y en su tiempo los interrogantes en relación al sexo.

En este sentido el Proyecto Adolescentes por medio de la ficción teatral promueve que estos jóvenes encuentren un lugar y un tiempo que permite enmarcar sus sueños y fantasías. Lugar y tiempo que instala una pausa o intervalo que permite restituir el tiempo para comprender. Se propicia así un trabajo psíquico de elaboración que va a contrapelo de lo propuesto por las condiciones de la hipermodernidad. Que una  improvisación se transforme en escena, que un comentario pase a ser un texto, que una escena se suceda a otra, que se encadenen y formen una obra, que ésta se estrene y luego salga de gira son como dijes que se van engarzando en un rodeo, en una modulación temporal,  que permiten a la pulsión desviarse del corto-circuito y hacer un recorrido más largo.

Decíamos anteriormente que el imperativo superyoico “todos consumidores” empuja al goce, exponiendo al sujeto a un estado de devastación y extrañamiento respecto de su deseo. El “Proyecto Adolescentes” pone freno al goce, lo interrumpe o molesta, habilitando entonces a que pueda ocurrir algo del orden del deseo.

Apunta, como propone Mitre (2014) en relación con la clínica psicoanalítica con adolescentes, a que cada joven pueda tomar la palabra y producir un texto o narrativa propia. En este caso una narrativa colectiva que no será sin la apropiación singular de cada uno de los participantes. Creación de un texto que puede orientar hacia un acto conclusivo que aloja al sujeto.

La obra teatral, como el chiste, necesita de la sanción del Otro. La respuesta del público se vuelve parte de la obra, parte que permite al acto teatral cobrar toda su dimensión, reiniciando a su vez la serie temporal que acompaña al público a un tiempo para comprender lo visto y lo oído.

La conmoción que suele constatarse en los espectadores es testimonio de que la pulsión ha sido molestada en su fijeza e invitada a dar un rodeo vivificante.

Referencias bibliográficas

Alemán, J. (12 de septiembre de 2016). Sujeto y capitalismo. Página 12. Recuperado de https://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-308894-2016-09-12.html

Amadeo de Freda, D. (2015). El adolescente actual. Nociones clínicas. San Martín, pcia. de Buenos Aires: Unsam Edita.

Barrionuevo, J. (2007). Despertar de la adolescencia. En Vega, M., Barrionuevo, J., Vega, V. (2007). Escritos Psicoanalíticos sobre la adolescencia. Buenos Aires: Eudeba.

Freud, S. (1905). Tres ensayos de una teoría sexual, vol. VII. Buenos Aires: Amorrortu editores.

Freud, S. (1908) El creador literario y fantaseo, vol. XIX. Buenos Aires: Amorrortu editores.

Freud, S. (1930). El malestar en la cultura, vol. XXI. Buenos Aires: Amorrortu editores.

Greiser, I. (2012). Psicoanálisis sin diván. Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (1945). El tiempo lógico, en Escritos 1. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

Lacan, J. (1974). El despertar de la primavera. En Intervenciones y textos 2. Buenos Aires: Manantial.

Lipovetsky, G. (2007). La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo. Barcelona: Editorial Anagrama

Miller, J.A. (2005). El Otro que no existe y los comités de ética. Buenos Aires: Paidós.

Mitre, J. (2014). La adolescencia: esa edad decisiva.  Buenos Aires: Gramma ediciones.

Mitre, J. (Septiembre, 2016). Lo que varía y lo que no. Trabajo presentado en las XXVI Jornadas de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Buenos Aires.


[1] Se entiende por prevención inespecífica a las prácticas institucionales de educación y cuidado integral para el desarrollo personal, prácticas que crean espacios de participación y reflexión, promueven discusiones grupales, dejan entrar la vida de los chicos y chicas a la escuela, pueden expresar lo que piensan, lo que sienten, lo que quieren, pueden encontrar en los docentes a adultos disponibles capaces de escuchar sus preguntas, sus dudas y sus incertidumbres. Programa Nacional de Educación y Prevención sobre las Adicciones y el Consumo Indebido de Drogas. Lineamientos Curriculares para la Prevención de las Adicciones. ANEXO I – Resolución CFE 256/15. Consejo Federal de Educación (2016).

 

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