HIPERTENSIÓN ARTERIAL
La
hipertensión arterial es la enfermedad crónica
más frecuente. En nuestro país la padece más
del 20 por ciento de la población y constituye la
causa de más de 300 mil muertes anuales. La mayoría
de los afectados ignora su condición. Si se la controla
a tiempo, pueden evitarse consecuencias graves como el infarto
de miocardio, entre otras patologías cardiovasculares.
En la Argentina, el 25 por ciento de los adultos, y entre
el 50 y el 60 por ciento de las personas mayores de 60 años,
es hipertensa. Lo grave es que la mitad de estas personas
ignoran que padecen esta patología. De aquellas que
saben de su enfermedad, sólo la mitad recibe un tratamiento;
y de los pacientes tratados, sólo un pequeño
porcentaje tiene su presión controlada.
La hipertensión es una enfermedad de la pared arterial
y se caracteriza por producir cambios en su estructura:
reducción del diámetro de la arteria o su
endurecimiento. De esta manera, la sangre fluye con más
fuerza aumentando el daño y provocando la elevación
de la presión arterial por sobre los valores considerados
normales: por debajo de 140 de sistólica (contracción
de la arteria) y por debajo de 90 de diastólica (dilatación
de la arteria). Es decir que 140/90 ya es hipertensión.
La presión arterial varía con cada latido
del corazón y está relacionada, entre otros
factores, con los niveles de actividad física, alimentación,
consumo de alcohol, de tabaco y estados emocionales.
En el cuerpo humano existe un sistema regulador, denominado
neurohumoral, que modifica el tamaño de los vasos
sanguíneos, y esto provoca el aumento o reducción
de la presión arterial. Cuando el diámetro
de éstos disminuye, la sangre necesita más
fuerza o presión para poder circular y si esta situación
no es encauzada, es ahí donde surgen los problemas.
De este sistema participan el cerebro, sectores periféricos
del cerebro, receptores cardíacos, los riñones
y las glándulas suprarrenales, actuando en conjunto.
Por lo general, los órganos más afectados
son corazón, cerebro, riñón, vasos
sanguíneos y ojos, que, en la jerga médica,
los llamamos órganos blancos porque
son los que debemos proteger cuando una persona padece presión
alta ya que son en donde se va a manifestar la enfermedad.
Los valores máximos en una persona sana pueden elevarse,
ocasionalmente, frente a una situación de estrés,
pero eso no significa que el individuo esté enfermo.
Se considera recién que un adulto (40-45 años)
es hipertenso cuando, luego de reiterados controles de la
presión arterial, presenta valores iguales o superiores
a 140 milímetros de mercurio de máxima y 90
de mínima, lo que habitualmente conocemos como 14/9.
En personas de edad más avanzada (60 años)
es normal que los valores se ubiquen entre los 16 de máxima
y los 9 de mínima (16/9).
El paciente diabético
y el insuficiente renal tienen otra cifra de normalidad.
La presión de ellos tiene que estar por debajo de
13/8. Y si ese diabético además es insuficiente
renal, los valores normales deben estar por debajo de 12/8.
Una enfermedad sin síntomas
El
comienzo de la hipertensión es asintomático,
y los médicos la llaman "silenciosa", ya
que en la mayoría de los casos, no presenta síntomas.
Sin embargo, algunos de los afectados puede padecer dolor
de cabeza, irritabilidad y mareos, aunque no a todas las
cefaleas se les puede atribuir la enfermedad.
Pero no hay que esperar la aparición de un síntoma
para ir a consultar al médico. La medición
de la presión arterial debería ser una forma
rutinaria del control de la salud desde la niñez
y, por lo menos, una vez cada dos años se debe verificar
si se mantiene dentro de los parámetros normales.
El
no control puede derivar en severas complicaciones
Accidentes
cardiovasculares, anginas de pecho, infartos de miocardio,
insuficiencias cardíacas y renales, y demencia, son
varias de las complicaciones que pueden derivar de la hipertensión.
Si esta enfermedad no es tratada a tiempo, los afectados
no sólo tendrán una mala calidad de vida,
sino que puede llegar a provocarles la muerte.
Las enfermedades cardiovasculares ocupan el primer lugar
entre las causas de muerte en nuestro país, y la
alta presión sanguínea es uno de los factores
de riesgo de esa patología que resulta modificable.
El corazón de una persona hipertensa trabaja más
fuerte, aumenta el tamaño del músculo cardíaco,
y en particular del ventrículo izquierdo. De esta
manera, estas personas tienen un riesgo incrementado cuatro
veces de sufrir infarto de miocardio.
El accidente cerebrovascular se produce cuando las arterias
del cerebro se inflaman y rompen, produciendo así
una hemorragia cerebral. Las consecuencias son la dificultad
en el habla y hasta la imposibilidad de mover un brazo o
una pierna.
La enfermedad arterial periférica es una de estas
complicaciones, y se
produce cuando una persona que sufre de hipertensión
arterial, se le suma otro factor de riesgo que es el tabaco.
De esta manera se le enferman mucho las piernas pudiendo
quedar hasta incapacitada para caminar.
En Argentina, los accidentes cerebrovasculares constituyen
la causa de unas 24 mil muertes por año, además
de los casos de discapacidad o demencia.
Causas
o factores de riesgo
En
el 90 por ciento de los casos registrados están afectados
por la llamada hipertensión primaria o esencial.
La medicina todavía no ha encontrado las causas específicas
que la provocan, aunque existen factores genéticos
o hereditarios que favorecen su desarrollo, por ejemplo
el sexo de la persona o tener familiares que padezcan o
hayan padecido la enfermedad.
En el sexo masculino prevalece entre los 35 y los 40 años,
mientras que en las mujeres se manifiesta a partir de los
55 y hasta los 60 años. Esto es así porque en las mujeres, las hormonas femeninas
sirven de protección, retrasando la disfunción
dotelial, que produce daños dentro de la arteria.
Estos factores genéticos o hereditarios, entonces,
no pueden modificarse. Sin embargo, existen otros que si
pueden revertirse y que son los externos, relacionados con
el "estilo de vida". Tienen que ver con las pautas
culturales como el consumo de sodio, el estilo de vida sedentario,
el consumo de grasas y de sodio, de tabaco y alcohol.
El 10 por ciento restante de los afectados corresponde a
la hipertensión secundaria, la cual aparece relacionada
con otras enfermedades como la diabetes, enfermedades del
riñón o de la glándula suprarrenal.
También se la asocia con el uso de medicamentos como
anfetaminas, gotas nasales, corticoides, antiinflamatorios
y anticonceptivos orales.
En este pequeño porcentaje de pacientes, existe una
causa concreta de la enfermedad y es tratable.
La que más nos debe
preocupar es la hipertensión primaria sobre todo
por la gran cantidad de afectados, donde por más
que busquemos, la medicina todavía no puede dar una
respuesta. Entonces es necesario saber si el paciente
fuma, si tiene colesterol, si padece diabetes u obesidad
y de esta manera actuar en varios lugares para poder controlar
la hipertensión.
Tratamiento
y prevención
El
tratamiento es de por vida ya que la enfermedad no se cura,
sino que se controla. Tiene dos pilares básicos:
la modificación de hábitos y el farmacológico.
Un buen tratamiento comienza por el control de todos los
factores de riesgo y en el caso de ser hipertenso existen
medicamentos para estabilizar la presión.
Para prevenir la hipertensión, entonces, el paciente,
además de controlarse periódicamente la presión
debe mejorar su calidad de vida, es decir aprender a alimentarse,
realizar actividad física, dormir bien para evitar
el estrés, restringir el consumo de sal, evitar el
exceso de alcohol y suprimir por completo el cigarrillo.
Con respecto a este último factor, el cardiólogo
alerta sobre su acción cuando afirma que "nada
más que por fumar 1.500 personas mueren por día
en el mundo constituyendo la segunda causa de muerte".
También es fundamental saber que no hay que consumir
alimentos con alto contenido de sodio y de grasa, otros
de los factores de riesgo de padecer hipertensión.
Los alimentos que contienen un elevado contenido de sodio
son los embutidos, fiambres, quesos duros; los productos
de copetín, conservados en salmuera, de confitería,
y productos enlatados o envasados, que tienen conservantes
derivados, en su mayoría, del sodio.
Con un buen tratamiento de prevención y control de
la presión arterial se reduce en un 42% las posibilidades
de un accidente cerebrovascular, entre un 16 y un 24% el
infarto de miocardio, en un 54% la insuficiencia cardíaca,
y en un 50% la demencia, ya sea vascular o por Alzheimer.
En el caso de que al paciente se le indique un determinado
medicamento para mantener controlados y estabilizados los
niveles de la presión arterial, es fundamental que
no se lo abandone -salvo indicación médica-,
ya que pueden producir efectos "rebotes" -según
cada fármaco- y la presión puede subir más.
| La
sal, un gran enemigo |
Según
datos de la Fundación Cardiológica Argentina,
en nuestro país se consumen un promedio de
12 gramos por día, una cifra difícil
de digerir si se toma en cuenta que la medida aceptable
para prevenir la hipertensión arterial es de
5 gramos diarios y que, para los pacientes hipertensos,
la indicación es de apenas 2 gramos. Es importante
tener esto en cuenta ya que se considera que disminuir
en 3 gramos la dieta diaria de sal baja la presión
máxima en 5 puntos y la mínima en 2,5
puntos.
El organismo humano recibe el aporte de sal necesario
a través de la ingesta de los alimentos naturales
y el agua.
El consumo de sal constituye un mal hábito
adquirido que responde a pautas culturales. |