TRASTORNOS DE ANSIEDAD
Un
20 por ciento de la población mundial padecerá
algún tipo de trastorno de ansiedad en algún
momento de su vida, según indican datos estadísticos
de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los
ataques de pánico y las fobias son algunas de las
formas en las que se presenta esta enfermedad que no sólo
se manifiesta a través del miedo intenso y el nerviosismo
sino que, además, presenta signos físicos
como taquicardia, náuseas y mareos, síntomas
que al confundirse con los de otras patologías demoran
el diagnóstico preciso. Sin un tratamiento adecuado,
estos trastornos pueden derivar en cuadros de depresión
profunda, aislamiento e, incluso, suicidio.
La
sensación de nerviosismo antes de rendir un examen,
en una entrevista de trabajo o en una primera cita es lo
que se conoce como ansiedad. Los especialistas la definen
como una emoción que nos permite adaptarnos a situaciones
nuevas y que nos impulsa a actuar, a la vez que funciona
como un mecanismo de protección frente a un eventual
peligro.
En esos momentos nos sentimos inquietos, nos transpiran
las manos y se nos acelera el pulso, pero hasta allí
todo está dentro de los parámetro normales.
El problema surge cuando esa reacción es desproporcionada,
cuando nos invalida para tomar decisiones y cuando perdemos
la capacidad de detectar el verdadero peligro. En esos casos,
el malestar psicofísico nos impide relacionarnos
con nuestro medio laboral y social porque, llegado este
punto, las señales de alarma comienzan a estar fuera
del control de quienes las padecen y pasan a configurar
un trastorno que requiere tratamiento específico.
Uno de los trastornos de ansiedad más frecuentes
es el que se conoce como TAG o Trastorno de Ansiedad Generalizado.
En estos casos la persona transcurre en un estado de preocupación
excesiva y permanente ya sea por la salud, el dinero, la
familia o el trabajo. Estas personas no logran relajarse
en ningún momento y, por lo tanto, presentan problemas
de insomnio, sin embargo, son concientes de que el nivel
de preocupación y nerviosismo que manifiestan resulta
injustificado.
Diagnóstico, ataques de pánico y fobias
El
dolor en el pecho, las palpitaciones y la sensación
de ahogo, entre otros síntomas físicos de
los trastornos de ansiedad, provocan que el paciente pase
por varias consultas médicas antes de comprender
que padece una enfermedad que debe ser abordada con un tratamiento
psicoterapéutico y psiquiátrico.
Hay que tener en cuenta que estos casos tienen, en
la actualidad, connotaciones económicas considerables
en el sistema sanitario, ya que más del 70 por ciento
de los pacientes han pasado por muchos otros médicos
de distintas especialidades y se han practicado cantidad
de estudios sin encontrar una respuesta a su malestar.
Las dificultades para dar con un diagnóstico temprano
surgen, frecuentemente, en los pacientes con trastornos
de pánico, porque en estos casos la persona cree
que está sufriendo un ataque al corazón o
que está al borde de la muerte. "Se le acelera
el pulso, se marea y se agita, siente un dolor en la boca
del estómago, se le tapan los oídos, le transpiran
las manos hasta que termina, como tantas otras veces, en
la sala de guardia del primer hospital que encuentra a su
paso. Los electrocardiogramas le dicen que su corazón
está perfecto, los cardiólogos le han recomendado
atención psiquiátrica, la persona entiende
que tienen razón pero, en el momento del ataque,
no pueden evitar sentirse morir", comenta Bentolila.
En estos casos, como en el resto de los trastornos de ansiedad,
la persona comienza a evitar situaciones cotidianas como
manejar, ir al mercado o al cine. Aparece lo que se llama
"ansiedad anticipatoria", la que se caracteriza
por el temor a volver a sufrir un nuevo estado de desborde
emocional, lo cual aumenta la tensión y la predisposición
para una nueva crisis.
Por otra parte, cuando el miedo irracional surge ante un
objeto o una situación en forma reiterada, el trastorno
constituye lo que los especialistas definen como fobias
específicas, tales como el temor extremo a los aviones,
a los lugares cerrados o a hablar en público al punto
de evitar, por todos los medios, la exposición a
estas situaciones percibidas como "detonantes"
del miedo. Aunque todavía no están determinadas
las causas, se sabe que, en general, las fobias comienzan
en la adolescencia y, al igual que los ataques de pánico,
son más frecuentes en las mujeres.
Grupos de riesgo
Determinar los orígenes de este tipo de trastornos
genera opiniones encontradas en la comunidad científica.
Si bien hay consenso en la existencia de una predisposición
heredada a padecer problemas de ansiedad, resulta
difícil determinar cuánto se debe a esta carga
genética y cuánto a la convivencia con un
grupo familiar con patrones ansiógenos.
La investigaciones en este sentido muestran que la exposición
a situaciones de estrés traumático - como
violencia, abuso o marginalidad -
repetida y sostenida en el tiempo, determinan patrones
biológicos de respuesta frente a nuevas situaciones
estresantes. Las personas viven en un estado de hiperalerta
constante, el mundo es vivido como peligroso y el cuerpo
se prepara para el peligro, es como si se estuviera en permanente
situación de guerra, de alarma.
El trastorno por estrés postraumático, que
es otra de las formas de trastornos por ansiedad, casi siempre
se presenta asociado al TAG, a los ataques de pánico
y a cuadros de depresión severa, con abuso de sustancias
y alcohol en un porcentaje importante de quienes lo padecen.
El paciente pierde la capacidad de discriminar el peligro
"real", todo le resulta potencialmente amenazador.
Como respuesta defensiva genera un estado psicobiológico
de alarma permanente: estos patrones se transmiten
tanto a nivel físico como conductalmente, porque
los hijos crecen en un clima de irritabilidad, inseguridad,
mal control de los impulsos, con la consecuente violencia
generándose circuitos que perpetúan la ansiedad.
Tratamiento
Quienes
padecen estos trastornos comienzan a autolimitarse y, en
muchos casos, se someten a períodos prolongados de
encierro, por lo que la enfermedad sin tratamiento puede
ser altamente invalidante. Además, surgen malestares
físicos como diarreas, úlceras o trastornos
digestivos. En los cuadros de pánico, la sensación
de muerte inminente es tan intensa que, en muchos casos,
lleva a los pacientes a intentos de suicidio como forma
de huida de la situación.
Los profesionales insisten en la importancia de detectar
esta enfermedad desde sus inicios porque lo que sucede
es que muchos recién consultan después de
mucho tiempo de estar encerrados en la casa o de no viajar
en colectivo, por ejemplo y, en esas circunstancias, si
bien se obtienen buenos resultados con el tratamiento, se
necesita un trabajo terapéutico más intenso
y un tiempo más prolongado. Es muy improbable que una persona supere estos
trastornos sin ayuda profesional, lo más habitual
es que, librado a su suerte, el cuadro se cronifique y empeoren
los síntomas.
Para tratar estas enfermedades, los especialistas consideran
que, al principio, es fundamental combinar el aspecto farmacológico
con el psicoterapéutico. Los ansiolíticos
resultan eficaces en los primeros momentos del tratamiento,
pero actúan sólo a nivel sintomático,
son como las aspirinas al proceso infeccioso: bajan la temperatura
pero es el antibiótico el que modificará el
problema de fondo. En los trastornos de ansiedad el "antibiótico"
está representado por la combinación de fármacos
antidepresivos con el tratamiento psicoterapéutico,
imprescindible para modificar los patrones psicológicos
y conductales que perpetúan el circuito.
Las llamadas terapias cognitivas son una de la opciones
empleadas en el tratamiento de estos trastornos. El eje
de este enfoque consiste en que el paciente modifique su
visión del mundo, es decir, que el proceso terapéutico
sirva para cambiar las percepciones de la realidad fatalistas
y amenazantes.
| Síntomas
generales de los trastornos de ansiedad |
Síntomas
subjetivos:
· Preocupación
· Inseguridad
· Miedo
· Aprensión
· Pensamientos negativos (sentimiento de inferioridad
o incapacidad)
· Anticipación de peligro o amenaza
· Dificultad de concentración
· Dificultad para la toma de decisiones
· Sensación general de desorganización
o pérdida de control sobre el ambiente
Síntomas observables
· Hiperactividad
· Paralización motora
· Movimientos torpes
· Dificultades en la expresión oral:
tartamudeo
· Conductas de evitación
Síntomas corporales
· Cardiovasculares: palpitaciones, pulso rápido,
tensión arterial alta, accesos de calor
· Respiratorios: sofocaciones, ahogo, respiración
rápida y opresión torácica
· Gastrointestinales: náuseas, vómitos,
diarreas, molestias digestivas.
· Genitourinarias: micciones frecuentes, frigidez
o impotencia
· Neuromusculares: tensión muscular,
hormigueo, dolor de cabeza tensional.
· Neurovegetativos: sequedad de boca, sudoración
excesiva, mareos. |
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