ENFERMEDAD DE ALZHEIMER
La
Enfermedad de Alzheimer es la causa del 60 por ciento de
los casos de demencia. Al principio se manifiesta con olvidos
frecuentes y dificultades en el habla. Si bien es un mal
progresivo e irreversible - aún no existe un tratamiento
que lo cure -, el diagnóstico precoz y el conocimiento
de los síntomas pueden aliviar la ansiedad de pacientes
y familiares, además de propiciar un tratamiento
adecuado que retarde las etapas avanzadas de la enfermedad.
En nuestro país se calcula que la padecen más
de 400 mil personas.
A
principios del siglo pasado el neurólogo alemán,
Alois Alzheimer recibió la consulta de un hombre
desesperado: su mujer, una distinguida dama de poco más
de 50 años, lo acusaba con insistencia de infidelidad.
La imputación no sólo era delirante sino que
era, además, permanente. Alzheimer aceptó
ocuparse del caso y, para esto, decidió pasar largas
horas junto a esa mujer a fin de registrar, paso a paso,
sus extraños comportamientos. Notó que los
olvidos se hacían cada vez más frecuentes:
la dama comenzó a olvidar objetos, nombres, compromisos
y, finalmente, ciertas destrezas. Un día, por ejemplo,
no supo como colocarse el sombrero. La enfermedad avanzó.
En 1907, luego de la muerte de la dama, Alzheimer se ocupó
de la autopsia. Distinguió en el cerebro una malformación
microscópica neuronal nunca antes descripta. Acababa
de descubrir el origen más frecuente de la demencia.
Hoy,
gracias al trabajo médico y a los métodos
de diagnóstico, cada vez más gente supera
los 60 años, sin embargo, estamos asistiendo a un
alto porcentaje de demencia a partir de esa edad: entre
el 4 y 6 por ciento de la población. Si no tratamos
de controlarla a tiempo podemos derivar en un problema sanitario
muy serio como el que hoy vive Estados Unidos, con un registro
de 6 millones de casos de Alzheimer.
Tanto los especialistas como los familiares de pacientes
que padecen la enfermedad insisten en la importancia de
un diagnóstico temprano que permita aplicar los tratamientos
farmacológicos y de estimulación que, aunque
no detienen el Alzheimer, impiden que avance rápidamente:
todo ser humano tiene derecho a un diagnóstico
preciso, en el sentido de darle posibilidades terapéuticas
y proporcionarle a la familia un desenvolvimiento claro
en cuanto a como proceder con este paciente que, aunque
es el mismo padre, madre o esposo, se comporta como un niño.
Hasta el momento, al diagnóstico definitivo sólo
se arriba post mortem, mediante una biopsia cerebral, sin
embargo, existen formas de detectar la enfermedad con un
alto grado de probabilidad a través de exámenes
clínicos y complementarios, como la tomografía
computada y la resonancia magnética.
Los
primeros síntomas
Cristina
sabe que su mamá padece Alzheimer desde hace 6 años,
aunque supone que la enfermedad se inició mucho antes.
Uno de los problemas para detectarla en forma precoz se
da porque, al principio, los síntomas pueden pasar
desapercibidos. Cristina recuerda que ante los primeros
olvidos "mi familia y yo decíamos que eran propios
de la edad, la vejez o la personalidad. Incluso yo pensaba:
'qué práctica mi mamá', porque como
vivía sola en lugar de cocinar se compraba comida
hecha. En realidad, cuando dejó de cocinar fue porque
ya no sabía como hacerlo".
Los especialistas llaman signo centinela a la pérdida
de memoria, el cual constituye el primer indicio de la enfermedad.
La familia toma conciencia de que los olvidos no son "normales"
cuando estos aumentan al punto que el familiar no puede
adquirir un nuevo recuerdo: supongamos que uno le
da un número de teléfono, la persona tiene
que discarlo y cualquier interferencia, por ejemplo alcanzarle
una taza de café, hace que olvide que tiene que hacer
un llamado.
Las dificultades para encontrar la palabra adecuada en una
conversación es otro de los primeros síntomas.
Esto provoca angustia porque, en general, el afectado es
conciente de este deterioro en sus capacidades de expresión
y, a fin de no ponerse en evidencia, se inhibe socialmente.
Si, por ejemplo, la persona tiene que pedir un vaso y no
lo puede nombrar apela a lo que los médicos llaman
"circunloquio", es decir, rodea la palabra utilizando
otras conexas: dice 'dame eso' o 'tengo sed'. A medida
que la enfermedad avanza, el paciente tiene un vocabulario
lleno de palabras pero con menos contenido semántico,
uno empieza a notar que no comunica lo que realmente quiere.
Con el tiempo, la pérdida de la memoria se agudiza
y el paciente sufre una regresión gradual que le
impide la coordinación de los movimientos. Por eso
no puede, ni siquiera, desarrollar actividades sencillas
como peinarse, vestirse o bañarse.
La persona empieza, además, a tener dificultades
en el comportamiento gnósico espacial. En términos
sencillos: cuando uno maneja un auto conoce las distancia
y se adapta a los espacios que el vehículo le ofrece.
Cuando se inicia la enfermedad el conductor comienza a morder
cordones o a chocarse. Pierde esa facultad inconsciente
de relacionar el yo y lo que lo rodea. Es como volver a
ser muy niños.
Tratamiento
farmacológico y estimulación
El
mal de Alzheimer es la principal causa de demencia, esto
implica el declinar de las funciones intelectuales de una
persona. El hecho básico de esta enfermedad es, en
principio, la lesión y luego la destrucción
de las neuronas por la aparición de depósitos
proteicos insolubles. Si bien aún no hay vacuna ni
cura, el tratamiento farmacológico y la estimulación
cognitiva pueden retrasar la progresión de los síntomas
Un problema central en estos casos es la pérdida
de un elemento químico a nivel del cerebro (acetilcolina),
que deriva en un síndrome amnésico progresivo.
La mayor parte de la tarea terapéutica apunta hacia
esa dirección, con medicamentos que estimulan la
producción de esa sustancia y previenen su destrucción.
Drogas como la rivastigmina, donepecilo o galantamina, estimulan
los efectos de las neuronas restantes del cerebro y mantienen
durante más tiempo la acetilcolina liberada durante
la sinapsis (que es la conexión entre neuronas, lo
que permite transportar impulsos nerviosos). Los ensayos
clínicos demostraron que la medicación estabiliza
el funcionamiento general del paciente en las actividades
de la vida diaria.
El otro pilar del tratamiento es no farmacológico
y consiste en darle a quien padece Alzheimer la estimulación
cognitiva necesaria: en este caso no es necesario
gastar dinero, sólo hace falta que la familia se
entrene para estimularlo. Lo importante es que el paciente
tenga contacto social, tenga una tarea asignada en la casa
y, fundamentalmente, que no se lo aísle ya que la
falta de incentivo contribuye a que la enfermedad avance
rápidamente.
| Un
mayor desarrollo intelectual retrasaría el Alzheimer |
Algunas
teorías afirman que las personas que superaron
los 18 años de escolarización estarían
menos predispuestas a padecer la enfermedad de Alzheimer.
Esto no significa que estén exentas sino que
la aparición sería más tardía.
Se supone que a más alto nivel educacional
hay más sinapsis neuronal, es decir, la educación
estaría no en relación al volumen cerebral
ni a contenidos sino a la cantidad de conexiones entre
neuronas para el transporte de impulsos nerviosos. Lo que
desarrolla esa actividad cerebral es, mayormente,
la lectoescritura asociada. Por eso, uno de los ejercicios
de estimulación que más se aplican como
método preventivo y en la primera etapa de
las enfermedad es la resolución de crucigramas.
Con este tipo de ejercicios se logra mayor concentración,
pero esto no cura la enfermedad ni la evita en su
conjunto, cuando uno dice que
el alto nivel educacional previene no quiere decir
que no haya profesionales sufriendo la enfermedad,
sino que se va a desarrollar en edades más
avanzadas y que puede estar apto socialmente por más
tiempo. Un paciente poco estimulado, con poca actividad
social y abandonado a su suerte, avanza muy rápidamente. |
| La
tres etapas de la enfermedad: |
Primera
Por tratarse de una enfermedad gradual, es difícil
precisar el momento exacto de su comienzo. Puede presentar:
· Olvido progresivo.
· Confusión con respecto a instrucciones,
decisiones y manejo del dinero.
· Pérdida de espontaneidad e iniciativa.
· Acciones y manifestaciones repetitivas.
· Cambios de personalidad o de humor.
· Alguna desorientación en cuanto a
tiempo y espacio.
· Dificultades en el lenguaje.
Segunda
A medida que la enfermedad avanza los problemas se
van haciendo más evidentes y sus actividades
más restrictivas.
· Dificultad en reconocer amigos cercanos y
familiares.
· No puede retener experiencia nuevas.
· Deambular. (Idas y venidas sin ninguna finalidad).
· Inquietud.
· Espasmos o contoneos musculares ocasionales.
· Dificultad en organizar sus pensamientos.
· Puede estar irritable, nervioso.
· Se vuelve descuidado o confuso con respecto
a la vestimenta e higiene personal.
· Es incapaz de vivir solo sin problemas.
· No puede cocinar, limpiar o salir solo de
compras.
· Puede perderse, aún en su propia casa.
· Puede ver u oír cosas que no existen.
· Mayor necesidad de estimulación.
· Puede aparecer incontinencia.
Tercera
En esta etapa, el paciente está en total dependencia
de su cuidador. Los problemas de memoria son muy serios
y se hace más notable su deterioro físico.
· Pérdida de peso, a pesar de una dieta
adecuada.
· No puede realizar ninguna actividad de cuidados
diarios solo.
· Se comunica muy poco o nada.
· Pierde la habilidad de caminar o sentarse.
· Duerme más.
· Pueden aparecer dificultades para tragar
(alimentos y líquidos).
· Propenso a infecciones, especialmente respiratorias. |
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