SARNA
Según
un relevamiento del hospital de Niños de La Plata,
los casos de sarna alcanzan el 15 por ciento de las consultas
dermatológicas. La picazón
recrudece durante la noche y no se soluciona con antialérgicos
ni corticoides. La falta de un diagnóstico y tratamiento
oportunos puede acarrear serias infecciones.
Si la sarna no se trata
no se cura, afirman los especialistas y esto es así
porque el cuerpo humano es el huésped definitivo
del Sarcoptes scabiei, el parásito que produce
esta enfermedad milenaria y que afecta, por año,
a 300 millones de personas en el mundo.
Las hembras del Sarcoptes
cavan túneles en la piel de las personas, allí
se alimentan de las serosidades y costras de la epidermis,
depositan sus huevos y nacen las larvas, por lo tanto,
todo el ciclo vital de este ácaro se desarrolla
en nuestro organismo.
Un estudio realizado por
el hospital de Niños “Sor María Ludovica”
de La Plata reveló que entre los años ´98
y 2000 cerca del 10 por ciento de las consultas dermatológicas
se debían a esta enfermedad milenaria.
Existen distintos tipos
de sarna y los parásitos que la producen se alojan
en la piel y en los tejidos de lo vertebrados de sangre
caliente como los perros, gatos y caballos, entre otros.
Si bien se trata de una enfermedad antiquísima
de la que hay constancia en pasajes bíblicos, recién
a mediados del siglo XIX se descubrió su agente
causal.
Sobre esta enfermedad los
historiadores cuentan, por ejemplo, que durante la campaña
italiana de Napoleón durante el siglo XVIII, “el
regimiento de soldados al momento de acampar por las noches,
tiraba sus mochilas y se rascaba en masa”. El detalle
de la picazón durante la noche no es menor, porque
una de las principales características del prurito
por sarna es que cobra intensidad con el calor que adquiere
el cuerpo en la cama, lo cual transforma al descanso en
una misión imposible.
Formas de transmisión
El contagio de la sarna
o escabiosis se da por el contacto directo con la piel
de una persona infestada. Por lo general, la transmisión
se produce entre personas muy cercanas como familiares,
parejas, padres e hijos, porque un simple apretón
de manos o los contactos ocasionales no contagian.
Por otra parte, los jardines
de infantes y las aulas de los primeros años escolares
suelen ser un lugar de transmisión, ya que los
más chicos suelen tener un mayor contacto físico.
Además existen modos indirectos de contraer sarna,
como dormir con las sábanas o las frazadas de una
persona infestada o al usar su ropa.
Para diagnosticar la sarna
es preciso estar muy atento al tipo de picazón,
sobre todo si se acentúa a la noche y si se forman
pequeñas vesículas del tamaño de
una cabeza de alfiler que, al romperlas, drenan un líquido
transparente.
El sarpullido se localiza
entre los dedos de la mano y en las muñecas; en
las mujeres es muy frecuente encontrar las lesiones en
las mamas y en los varones, en el escroto. Por lo tanto,
es común en todas las zonas donde existan pequeños
pliegues de la piel como las axilas, los codos y alrededor
del ombligo.
Con respecto a los grupos
de riesgo, si bien cualquier persona
puede contagiarse, aquellas con las defensas bajas, los
bebés, los ancianos y las poblaciones marginales
- en las que se da un mayor hacinamiento y falta de higiene
-, constituyen los sectores más vulnerables.
Lo importante es lograr un diagnóstico
oportuno de la enfermedad, porque de lo contrario la parasitosis
continúa extendiéndose, en especial en aquellas
personas con bajas defensas pudiendo provocar una infección
realmente grave.
Cabe señalar que la automedicación
con antialérgicos es frecuente entre los pacientes
con sarna, por eso los dermatólogos aclaran que
esa medicación no soluciona el tema y que para
cada caso se emplean medicamentos específicos.
En los casos pediátricos, por ejemplo, el tratamiento
se realiza en tres etapas con pomadas a base de azufre,
una de las medicinas más antiguas e inocuas para
este tipo de afecciones.