El
86 por ciento de las consultas por intoxicaciones con gases
son consecuencia de la inhalación de monóxido
de carbono, un fluido que no se detecta a través
de los sentidos y que puede ocasionar la muerte. El uso
de estufas y calefactores, a partir de esta época
del año, potencia el riesgo de envenenamiento.
En
nuestro país, 50 personas mueren anualmente por intoxicaciones
con monóxido de carbono, un gas sin color, olor,
ni sabor que resulta muy peligroso para el ser humano. Braseros,
cocinas, calefones y estufas liberan este fluido debido
a obstrucciones en sus tirajes, mala colocación,
falta de controles periódicos o ausencia de ventilación.
En los dos últimos años, la mayor cantidad
de estos envenenamientos ocurrieron en el mes de julio -período
en el que se registraron las temperaturas más bajas-,
aunque los casos se incrementan a partir de los primeros
fríos.
El monóxido de carbono es un subproducto de la combustión
incompleta de sustancias carbonadas. Si al quemarse, el
gas natural, la leña, la nafta, el querosene, el
carbón vegetal u otros semejantes, no realizan bien
la combustión, se producen sustancias mal oxidadas
que son, en su mayoría, tóxicas. El monóxido
es una de ellas.
Si utilizamos artefactos que en su combustión
forman este fluido, y si el ambiente donde esto se produce
no está bien ventilado, hay poco oxígeno,
corremos el riesgo de que una o más personas se intoxiquen
con este gas.
La exposición al monóxido de carbono, aún
por un período breve, produce daños: unas
pocas partículas son suficientes para alterar el
funcionamiento del sistema nervioso, y pueden provocar desde
cambios de humor y cefaleas permanentes hasta lesiones neurológicas
irreversibles. El efecto nocivo y la gravedad del cuadro
dependen de la concentración de las emanaciones en
el aire, del tiempo de exposición-inhalación,
y de las condiciones de cada individuo: edad, estatura,
peso, sexo, estado de salud general.
En Estados Unidos, cada año mueren entre 500 y 1.000
personas intoxicadas por esta sustancia, según datos
publicados por los Centros para el Control y la Prevención
de Enfermedades (CDC), organismos oficiales de ese país.
En Argentina, en tanto, si bien el número de fallecimientos
ha sido menor, la cantidad de casos registrados sigue alertando
a los especialistas. Durante el año 2000, la inhalación
de monóxido de carbono fue la causa del 86 por ciento
de las consultas por intoxicaciones con gases recibidas
por el Servicio de Toxicología platense.
Efectos
en el organismo
Los
efectos del monóxido de carbono se producen a nivel
del sistema nervioso central. Este gas se combina con la
sangre a través de los pulmones, se adhiere a la
hemoglobina de los glóbulos rojos, y altera su capacidad
de transportar y liberar oxígeno al cerebro. Esto
puede dejar secuelas neurológicas graves.
En concentraciones bajas puede producir dolor de cabeza,
náuseas, mareos, vómitos, debilidad, fatiga
crónica y dolores musculares. Las concentraciones
más elevadas -o la exposición más prolongada-
puede causar parálisis, alteraciones del criterio,
confusión, desvanecimiento, coma e, incluso, la muerte,
si el envenenamiento no es tratado a tiempo.
Si hay en un ambiente algún elemento encendido,
y una o más personas comienzan bruscamente con vómitos
o intenso dolor de cabeza, esto tiene que alertarlas a sospechar
que uno de los artefactos está funcionando mal, está
produciendo mucho monóxido de carbono, y esa persona
se está intoxicando. Estos son los signos de alarma.
Es muy característico el fuerte dolor de cabeza,
sobre todo en la zona frontal.
Por otra parte, los niveles bajos de monóxido de
carbono son difíciles de detectar, y los síntomas
suelen desaparecer si la persona se aleja de la fuente de
gas. Entonces, ante dolores de cabeza reiterados, y asociados
a un mismo ambiente, es importante controlar si algún
artefacto no está emanando el fluido.
Lo primero que hay que hacer es tratar de cerrar la
fuente que está emitiendo y salir rápidamente
del ambiente y ventilarlo. Si los síntomas persisten
o la persona presenta un cuadro más comprometido,
se debe concurrir de inmediato a un centro hospitalario
o llamar a algún servicio de urgencias toxicológicas. En el caso del Hospital
de Niños de La Plata, el servicio de Toxicología
atiende en forma gratuita las 24 horas a través del
0-800-222-9911.
Para
prevenir accidentes
La
revisión periódica de artefactos y el respeto
por las normas de instalación son fundamentales para
evitar los envenenamientos con monóxido de carbono.
Sobre todo en esta época del año, cuando los
calefactores se encienden después de mucho tiempo
sin uso, es importante tener en cuenta que los quemadores
y salidas al exterior pueden estar obstruidos.
Pero, a pesar de que estas intoxicaciones aumentan notablemente
durante el invierno, no siempre se producen por el mal funcionamiento
de estufas. Según el Ente Nacional Regulador del
Gas (Enargas), los calefones son protagonistas indiscutidos
de este tipo de accidentes: están presentes en el
72% de los casos, seguidos de los calefactores (21%) y las
cocinas (11%).
Nunca se deben colocar calefones o termotanques en
el baño porque generalmente
es un ambiente que está herméticamente cerrado,
de poca capacidad, de poco cubaje, con poca ventilación.
Es más peligroso. Estos artefactos deben estar siempre
en ambientes ventilados. No se deben instalar estufas en las habitaciones ,
y si fuera estrictamente necesario lo ideal es instalar
estufas de tiro balanceado y que periódicamente sean
controladas por un gasista.
En tanto, el Enargas recomienda mantener abierta alguna
ventana que permita el ingreso de aire desde el exterior,
suficiente como para renovarlo; y verificar que la llama
de los artefactos sea azul -si es amarilla o con tonalidades
anaranjadas o rojas significa que está funcionando
en forma defectuosa.
"Las instalaciones y el mantenimiento -dice el Enargas-
deben ser realizadas sólo por gasistas matriculados,
y los artefactos deben estar certificados por organismos
autorizados". Además, "los artefactos que
son correctamente mantenidos y calibrados rinden más
y consumen menos; por lo que se debe considerar la posibilidad
de que el gasto de mantenimiento pueda convertirse en una
inversión en seguridad".
Un
número para tener a mano
El
Servicio de Toxicología del Hospital de Niños
"Sor María Ludovica", de La Plata,
que funciona desde hace 38 años, es un centro
de referencia a nivel provincial y nacional. Los ocho
médicos toxicólogos que allí
se desempeñan conforman el único equipo
especializado en este tipo de patologías en
el territorio bonaerense.
Los profesionales brindan asistencia y orientación
en forma permanente en diversas áreas como,
por ejemplo, toxicología clínica, toxicología
forense; intoxicaciones laborales, ambientales, y
alimentarias; y cuadros tóxicos por uso indebido
de drogas, medicación casera y animales ponzoñosos.
Se atiende en forma directa a menores de 15 años,
y a la comunidad -sin límite de edad- a través
del asesoramiento telefónico.
Además, desde el servicio público provincial
se organizan charlas y debates en materia de prevención,
destinados a médicos y al público en
general, y cursos de formación de pregrado
y postgrado.
Ante cualquier duda o urgencia toxicológica,
comuníquese de inmediato con el [0221]451-5555,
o con el 0-800-222-9911 (línea gratuita). Ambas
líneas funcionan las 24 horas, los 365 días
del año.
Consejos
para evitar accidentes
Instale
solamente artefactos que estén aprobados por
alguno de los institutos avalados por Enargas.
Recurra siempre a gasistas matriculados para instalar
y verificar el funcionamiento de los aparatos de gas.
Tenga cuidado con el uso de braseros
Mantenga siempre ventilados los ambientes en invierno.
Asegúrese de que el tiraje de los artefactos
no esté obstruido o desconectado.
No obstruya los conductos ni rejillas de ventilación
de los ambientes.
Verifique que la llama de los artefactos sea de color
azul.
No instale calefones en los baños.
Apague los artefactos de gas durante la noche